América Latina se encuentra en una encrucijada frente al desarrollo de la inteligencia artificial (IA): regular su uso y desarrollo con marcos normativos propios o correr el riesgo de depender tecnológicamente de potencias como Estados Unidos y China, que lideran los avances en este campo. Esta disyuntiva no solo implica aspectos técnicos o industriales, sino también profundos dilemas éticos, sociales y políticos que pueden moldear el futuro de la región.
En la última década, la IA ha ganado terreno a nivel mundial, con aplicaciones que van desde la automatización de procesos industriales hasta innovaciones en medicina, educación, seguridad y transporte. Sin embargo, su adopción masiva ha levantado serias preocupaciones en términos de privacidad, empleo, transparencia y sesgos algorítmicos. Para América Latina, una región históricamente rezagada en términos tecnológicos, estos desafíos son aún más apremiantes debido a la falta de infraestructura adecuada y a la desigualdad económica que prevalece en muchos países.
El avance de la IA y el reto de la regulación en América Latina
Algunos países de la región han comenzado a tomar pasos para enfrentar estos desafíos. Brasil, por ejemplo, está liderando la creación de marcos normativos que regulen el desarrollo y uso de la IA. Inspirado en el enfoque europeo del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) y el Acta de Inteligencia Artificial de la Unión Europea, el gobierno brasileño busca establecer una regulación que proteja los derechos de los ciudadanos, fomente la innovación y promueva la competitividad de las empresas locales en un entorno global.
Otros países, como México, Argentina y Chile, también han iniciado esfuerzos para definir políticas públicas que aborden la transformación digital y el impacto de la IA en sus economías. Estas políticas incluyen incentivos para el desarrollo de IA local y esfuerzos por capacitar a la fuerza laboral en habilidades digitales, con el objetivo de reducir la dependencia tecnológica de empresas extranjeras y garantizar que la IA se utilice de manera ética y justa.
No obstante, la implementación de regulaciones a nivel regional enfrenta obstáculos significativos. La falta de consenso sobre cómo debe ser regulada la IA y las diferencias en los niveles de desarrollo tecnológico entre los países de América Latina dificultan la creación de un enfoque uniforme. Además, las limitaciones presupuestarias y las brechas en infraestructura tecnológica complican el desarrollo de una industria de IA competitiva a nivel internacional.
